La industria automotriz en México atraviesa una etapa de ajuste en sus estrategias de inversión, en la que los recientes movimientos de asignación de modelos en plantas como General Motors y Stellantis se orientan más a la optimización de procesos que a la expansión de capacidad instalada.

De acuerdo con Jorge Erdmann Reich, consultor en automatización y exintegrante de Canacintra y Coparmex, el sector vive un periodo de “apretón de liquidez”, particularmente entre marzo y mayo de 2026, lo que ha llevado a las armadoras a privilegiar la eficiencia operativa y la rentabilidad de corto plazo.

Explicó que los proyectos anunciados en el complejo de Ramos Arizpe y otros nodos industriales corresponden principalmente a inversiones ya maduras o a ajustes puntuales en líneas de producción existentes.

El especialista señaló que estas decisiones también responden a la oportunidad de integrar en México la manufactura de vehículos de bajo costo que han perdido viabilidad en otros mercados, o modelos de alto consumo energético que han sido desplazados de los mercados con estándares tecnológicos más estrictos.

En este contexto, consideró que las reconfiguraciones no deben interpretarse únicamente como una desaceleración, sino como una etapa de adaptación que busca mantener la competitividad del sector en un entorno global más exigente.

Agregó que las empresas operan bajo una estrategia de “optimización de costos”, donde la automatización y la tecnología se orientan a sustituir tareas y mejorar márgenes, en un entorno presionado por el aumento salarial, la ampliación de vacaciones y la reducción de la jornada laboral, lo que ha llevado a un enfoque más cuidadoso en el retorno de inversión.

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